Barreras de/para la arquitectura

Este verano tuve la ocasión de hacer un pequeño recorrido por la ciudad sentado en una silla de ruedas. Fue una experiencia de prueba para poder vivir en primera persona la cantidad de problemas, dificultades y barreras que existen en la ciudad para las personas con movilidad reducida dependientes de una silla de ruedas. Y la experiencia fue muy dura. O mejor dicho, me hizo ver desde una perspectiva más directa la cantidad de complicaciones con las que tienen que lidiar los usuarios de estas sillas.

Con esto no digo nada que no haya comentado ya cualquier otra persona. Como arquitecto, el tema de la accesibilidad universal es un tema que está presente en casi todo aquello que hacemos. Muchas veces es un tema peliagudo que crea discrepancias y complicaciones a la hora de diseñar pero que debemos tener en cuenta si no queremos aislar a un colectivo del uso y disfrute de un espacio, edificio, evento…

Y entonces nos dirigimos al Peine del Viento. Lo que puedo contar de la experiencia es que fue muy intensa. La rueda se bloquea en una junta, se avanza con mucha dificultad, la gente se presta a ayudarte, las vibraciones casi hacen que te caigas de la silla, oyes comentarios de la gente… Todo ello provocó en mí muchas sensaciones y cuestiones que siguen a día de hoy.

¿Se debe  adaptar el pavimento para que todas las personas puedan ver las esculturas en condiciones de igualdad?

¿Se debe defender que la plaza y las esculturas son una obra de arte en su conjunto que no puede modificarse para así no desnaturalizarse?

¿Existe una solución que llegue a un consenso de ambas partes?

Me gustaría pensar que la respuesta a la última pregunta es un sí, pero ese sí no es fácil.

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